• image1 Temo escuchar porque temo comprender. Temo comprender porque temo cambiar (Carl Rogers)
  • image2 Seis sirvientes tomé que me enseñaron cuanto sé. Ellos son: qué, cómo, quién, cuándo, dónde y por qué (Rudyard Kipling)
  • image3 Si luchas puedes perder pero si no luchas ya has perdido (anónimo)
  • image4 La virtud es una posición intermedia entre dos vicios, el del exceso y el del defecto (Aristóteles)
  • image5 La felicidad no nos llega sin más, nosotros hacemos que ocurra (Mihaly Csikszentmihalyi)
  • image6 La excelencia no es un acto aislado y prodigioso sino un hábito que se hace día
    a día (Aristóteles)

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La zorra, las uvas y el autoengaño

Las fábulas son un magnífico recurso para ilustrar y aprender sobre el comportamiento humano de forma indirecta (lo curioso es que suelen estar protagonizadas por animales). Se han ido transmitiendo a lo largo de los siglos con gran éxito. Algunas de las más conocidas son las fábulas de Esopo, las de Jean de La Fontaine y, barriendo para casa, no podemos olvidar a Félix María de Samaniego.

Aprovechando una cuidada edición de las fábulas de La Fontaine con ilustraciones exquisitas del pintor Marc Chagall (Traducción: Marta Pino Moreno; Editorial: Libros del zorro rojo. Barcelona. 2011), paso a recordar, a mi modo, una de las historias: La zorra y las uvas.

Había una vez una zorra hambrienta que se paseaba por el campo buscando algo de comer cuando justamente encontró una parra repleta de uvas. Éstas se veían bien maduras, muy rojas, apetitosas y con abundante carne para calmar tanto hambre como sed. Así es que la zorra se puso a saltar y saltar intentando alcanzar las uvas pero no había manera de llegar a morder la preciada fruta. La parra estaba tan alta que la zorra cesó en su empeño. Mientras se iba sin las uvas se decía para sí misma: “De todas formas no merecía la pena el esfuerzo, esas uvas estaban verdes, incomestibles, ¡puag!, sólo eran buenas para los miserables”.

Las fábulas son breves relatos por los que se pretende transmitir una enseñanza para la vida, por eso se utilizan frecuentemente en los ambientes educativos. En el caso de la zorra y las uvas, la moraleja es que no  debemos mirar con desprecio lo que no hemos podido conseguir, ni tampoco es correcto desviar la culpa hacia otros por lo que no tenemos o por lo que no somos. Estaríamos cometiendo un flagrante autoengaño. En pequeñas dosis funciona como un mecanismo de defensa bastante práctico y tremendamente humano. Lo alarmante sucede cuando generalizamos el autoengaño como técnica personal de evitación de disgustos y conflictos.   

La protagonista del asunto es la mentira al adulterar nuestra propia experiencia,  al intentar convertir en verdad lo que no es, al igual que la zorra de la fábula se decía que las uvas estaban verdes para no sufrir cuando era evidente que estaban bien rojas y maduras. Negar la realidad que nos desagrada significa huir de ella.  La conducta de fuga puede llegar a extenderse rápidamente por cualquier faceta de nuestra vida: mirar para otro lado en situaciones familiares dolorosas, huir de tareas laborales molestas, desertar de responsabilidades incómodas…hasta que la estrategia de huida dé lugar a una reducción considerable de nuestras capacidades de afrontamiento porque nos hemos acostumbrado a salir corriendo ante las dificultades, a no querer sufrir ni un revés que contraríe nuestro mundo de sintonía.   

Así, la moraleja del artículo es que mientras el uso del autoengaño de manera ocasional es algo común y funcional porque nos protege del malestar a corto plazo, excedernos en su práctica nos hace débiles o poco preparados ante las dificultades de la vida, ya que no nos permite desarrollar recursos psicológicos y emocionales para asumir una actitud responsable y superar  adversidades.

¿Qué crees que hubiera dicho la zorra de la fábula si hubiera aceptado la realidad?

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