• image1 Temo escuchar porque temo comprender. Temo comprender porque temo cambiar (Carl Rogers)
  • image2 Seis sirvientes tomé que me enseñaron cuanto sé. Ellos son: qué, cómo, quién, cuándo, dónde y por qué (Rudyard Kipling)
  • image3 Si luchas puedes perder pero si no luchas ya has perdido (anónimo)
  • image4 La virtud es una posición intermedia entre dos vicios, el del exceso y el del defecto (Aristóteles)
  • image5 La felicidad no nos llega sin más, nosotros hacemos que ocurra (Mihaly Csikszentmihalyi)
  • image6 La excelencia no es un acto aislado y prodigioso sino un hábito que se hace día
    a día (Aristóteles)

Sobre Optimismo Aprendido

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Vidas felices

Después de una semana de duro trabajo he aprovechado la agradable mañana de domingo para disfrutar un regalo que me han hecho recientemente: una sesión de baño relajante en un spa. Desde hace un tiempo soy la candidata perfecta para usar los servicios de este tipo de negocios y es que, como todo ser humano, una está expuesta a sufrir  épocas de abundante estrés. El lado positivo de dicha circunstancia (recuerda que estás leyendo mi web llamada Optimismo Aprendido) es el tener gente alrededor que me quiere bien y me hace obsequios muy apropiados para que mente y cuerpo vuelvan a alcanzar cierta unión y homeostasis.


 

 

Se cree que el origen del término “spa” es un acrónimo proveniente del latín salus per aquam, salud mediante el agua; una idea que suena muy apetecible y regeneradora. De modo que, a falta de poder hacer unos largos (en mi caso nadar  al estilo rana) en alguna de las playas de nuestro magnífico litoral, recomiendo a todo el que pueda remojarse un rato en uno de los numerosos balnearios urbanos que pueblan nuestras ciudades.

He probado en dicho spa todos los aparatejos y fuentes por los que caía agua con distinta fuerza, piscinas de burbujas y demás instalaciones que me ayudaban a destensar y relajar mi cuerpo. Aunque a veces mi cabeza se evadía y viajaba al futuro planificando la nueva semana de trabajo que está ya a punto de comenzar, en general he permanecido en el presente. El famoso aquí y  ahora, como nos gusta decir recientemente a los psicólogos. Centrada estaba, pues, en la decoración de un par de palmeritas exóticas, entretenida con la visión enormes nubes empujadas por la brisa, hasta un par de aves rapaces surcando el cielo podía ver a través de los amplios ventanales mientras chapoteaba tranquilamente en una de las piscinas.

Me encanta el poder de relajación que transmite el agua pero después de una hora y media bajo el calor de las burbujas estaba empezando a aburrirme.  ¡Qué pronto se acostumbra una a lo bueno! Estaba sobreviniendo una adaptación hedonista. Y pensando estas palabras empecé a acordarme de los distintos tipos de felicidad que describía Aristóteles y que Seligman interpreta a su obra.

El primer tipo es la vida de placeres, ésos a los que nos acostumbramos rápidamente y están relacionados con el disfrute de los sentidos, por ejemplo,  el baño en el spa o degustar nuestra comida preferida. Indudablemente, este tipo de placeres generan emociones positivas pero parece que no son suficientes para poder manifestar que verdaderamente gozamos de una vida de felicidad.

El segundo tipo se relaciona con la vida de compromiso auténtico, con la implicación entusiasta cuando se está llevando a cabo un trabajo o se practica un deporte. No se trata de un placer relajado sino que la persona se encuentra plenamente concentrada y realizando un esfuerzo pero se encuentra tan a gusto que tiene la impresión de que el tiempo se ha detenido.

El tercer tipo de felicidad se relaciona con el significado de la vida, el sentido que cada uno de nosotros le otorgamos, bajo qué valores actuamos y qué va más allá de nosotros mismos, por ejemplo, la familia,  el pertenecer a un grupo de voluntariado para ayudar a otros o la creatividad. Pequeñas o grandes decisiones; consciente o inconscientemente, nuestros actos están guiados por los valores personales. Así pues, resulta importante saber qué es lo que nos moviliza y poder disfrutar del porqué de nuestras cosas.

Potenciar estos tres tipos de vida compondría una fórmula bastante acertada para experimentar la ansiada felicidad. Aunque, regresando a Aristóteles, no todos entienden la felicidad de igual manera. Realmente no existen fórmulas ni consejos concretos. La construcción de la misma es una actividad personal que se basa en el autoconocimiento y puesta en práctica de lo que cada uno considera agradable  y significativo. Unos insistirán en el placer de los sentidos, otros en las riquezas y alabanzas, otros en la ayuda al prójimo…

Puesto que la felicidad no es algo que se encuentre sino algo que se elabora. Requiere tiempo y esfuerzo. Desde la contemplación de una puesta de sol hasta la educación de un hijo. Todo pasa por la acción consciente de estar viviendo cada momento.

¡Ponte en marcha! Todos estamos dotados para la felicidad ¿por dónde quieres empezar?

 

 

 

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